viernes, 28 de agosto de 2009

28 Agosto 2009

Scarlett Johansson caminaba un poco perdida por las calles de Barcelona, cuando vimos a un perro con una radio atada al culo.
A Ramón Arangüena le entró la risa.

jueves, 27 de agosto de 2009

27 Agosto 2009

No podía creer el éxito que estaba teniendo en Internet mi amigo Emilio con su serie de ficción. El protagonista era él mismo, y en cada capítulo buscaba el lado cómico de situaciones cotidianas sacadas de su propia experiencia. La idea no era muy original, pero para mí se ganó la legitimidad al ser citada por el mismísimo Larry David (el padre del formato).

El creador de Seinfeld plagiaba abiertamente el argumento de un capítulo de la serie de Emilio, dedicado enteramente a la fea costumbre de escupir en público. A David le gustó tanto la idea, que la utilizó en su serie, citando a mi amigo como la fuente original.

Emocionado, quise contarle todo esto a Emilio: ¡A Larry David le gustaba su serie! Pero descubrí que mi amigo no conocía al cómico neoyorquino. No lo podía creer: Emilio había creado una serie igual a la de Larry David, sin haberla visto. Después de todo había sido original.

Intenté explicarle quién era Larry David, y creí que sería fácil, porque "Seinfeld" era la serie favorita de Emilio. Pero, por alguna razón, mi amigo era incapaz de prestarme atención, y creo que nunca llegó a entender de qué le estaba hablando.

martes, 25 de agosto de 2009

25 Agosto ‏ 2009

Intentábamos escapar de la prisión. Saltamos juntos al patio exterior, y corrimos hacia la reja. Era muy alta, pero a través de ella se veía la calle.

Entonces los otros presos, decenas de ellos, se abalanzaron contra el cercado, intentado cogernos. Aterrado, comencé a trepar, dejando atrás a mi compañero. Traspasé la reja y llegué a la calle. No vi a ningún guardia.

Justo delante de la prisión estaba la sede de una cadena de televisión. Yo sabía que en su interior, en ese mismo momento, estaban grabando un concurso en falso directo. Pensé en esto mientras llamaba a un taxi, de color azul, para escapar de allí.

Sé que ocurrieron más cosas, pero no puedo recordarlas.

lunes, 24 de agosto de 2009

24 Agosto 2009

Era una casa de habitaciones amplias y techos altos, sostenidos por columnas blancas. El suelo, de baldosas grandes de color naranja, estaba húmedo y sucio de arena. Los muebles de la cocina eran de metal, pintados de blanco, un poco oxidados. Había una nevera, grande, redondeada, y antigua.


Habíamos estado fuera unos días, y regresamos preocupados por las mascotas. Estaban desperdigados por el suelo, arrastrándose. Habían estado comiendo lo que podían. Los pulpos estaban en el suelo, como sin cabeza, los tentáculos retorciéndose en un charco espumoso de agua y babas. Los caracoles, sin concha, también se arrastraban, secos y casi sin vida.


Decidí darle comida primero a una de las tortugas, que me sorprendió porque ya no tenía caparazón. Estaban tan ansiosa que se lanzó a morder mi dedo, presionándolo con fuerza. Yo tiraba de ella para evitar que hundiera su pico en mi carne, y temía que me arrancara un trozo.


Apenas conseguí librarme de la tortuga cuando un pulpo, que se escondía sobre el marco de una puerta, cayó sobre mi cuello, rodeándolo con sus tentáculos y haciendo fuerza, estrangulándome. Conseguí liberarme a duras penas.


Mi cuello estaba húmedo por el sudor.