viernes, 29 de noviembre de 2013
30 Noviembre 2013
Desperté y estaba solo. Bajé a la calle y estaba solo. Todos habían desaparecido. Entonces fui a la Fnac.
jueves, 28 de noviembre de 2013
29 Noviembre 2013
Estoy en una calle del centro de Madrid con un amigo. Un inmigrante ecuatoriano se nos acerca para preguntarnos una dirección "¿El Hospital 12 de Octubre?". Yo le digo que está muy lejos, y que tiene que coger el metro en Sol. El ecuatoriano sale corriendo y mi amigo me mira perplejo: "El 12 de Octubre está aquí al lado ¿Por qué has hecho eso?" Yo sonrío y le digo: HA SIDO UN ACTO DE MALDAD PURA
miércoles, 27 de noviembre de 2013
28 Noviembre 2013
Estaba jugando al baloncesto y era completamente capaz de hacer un mate. Pero todas las pelotas estaban deshinchadas.
LA CIUDAD PERDIDA
Según una antigua leyenda, existe una Ciudad Perdida escondida en el Corte Inglés de la calle Princesa. Nadie creía que aquello fuera más que un cuento… pero ELLOS eran dos aventureros que creían en los cuentos. Encontraron la primera pista de la existencia de la ciudad en un viejo catálogo de ofertas que descubrieron por casualidad en el Rastro. En sus páginas, entre las fotos de cientos de productos, había un plano de la tienda que hacía referencia a una entrada secreta. Con ese indicio, se prepararon concienzudamente para la expedición: se armaron con sus tarjetas de crédito.
Según el antiguo plano, la entrada secreta estaba en el Sótano 2 del parking. Después de mucho buscar, encontraron, oculta entre las columnas grises numeradas, una extraña puerta de color verde. Sobre la chapa había escrito un mensaje en letras rojas. Era un acertijo que buscaba desalentar a los visitantes no deseados. Pero los aventureros lo resolvieron enseguida: ante la inscripción “No pasar”… ¡Había que hacer justo lo contrario!
La puerta se abrió y entraron: nadie había penetrado en los pasillos secretos de la Ciudad Perdida desde la Semana Fantástica. Los aventureros se cogieron de la mano al ver a los habitantes de aquella extraña urbe. Fueron reconocidos al instante como extranjeros: no llevaban el uniforme ritual de los comerciales. Uno de ellos se acercó de manera hostil: “Aquí no podéis estar”, les dijo.
Los aventureros huyeron subiendo unas peligrosas escaleras mecánicas estropeadas. Justo detrás, varios miembros de seguridad les perseguían. Mientras corrían, vislumbraron las maravillas olvidadas de la Ciudad Perdida: viejos carteles publicitarios, máquinas de café que todavía funcionaban con pesetas, y un ascensor en el que cabían 16 personas. También fueron testigos de las extrañas costumbres de los nativos, que reunidos en grupo, fumaban ansiosamente. Pero el peligro era inminente: sus perseguidores les pisaban los talones y los pasillos eran un laberinto indescifrable. Habían caído en una trampa mortal con hilo musical.
Pero entonces la aventurera recordó una vieja frase que los héroes fallecidos de otras épocas habían dejado como última pista... un mensaje que ella reconoció en una puerta cercana: “Entrada a tienda”. Cerró los ojos, besó al aventurero, y abrió la puerta de un empujón. Salieron a la sección de perfumería. Tras ellos, la entrada mágica se desvaneció para siempre. En la tienda, la gente compraba ajena al secreto que los aventureros juraron no revelar jamás: que existe una Ciudad Perdida escondida en el Corte Inglés de la calle Princesa.
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