sábado, 5 de septiembre de 2009
04 Septiembre 2009
Por eso, mientras bajábamos del tren, me cuestionaba la decisión de visitar un museo esa misma tarde. Había mucha gente en la estación, y me pareció que estaba en la India. En alguna parte sonaba la canción "Non stop" de Whitey. El humo de la chimenea de la locomotora apestaba el aire, y me sentía incómodo, cansado.
Sólo me animaba el interés por ver la exposición, que consistía en varios especímenes disecados de sirenas: cuerpos de mono cosidos a colas de pescado.
martes, 1 de septiembre de 2009
01 Septiembre 2009
viernes, 28 de agosto de 2009
28 Agosto 2009
jueves, 27 de agosto de 2009
27 Agosto 2009
El creador de Seinfeld plagiaba abiertamente el argumento de un capítulo de la serie de Emilio, dedicado enteramente a la fea costumbre de escupir en público. A David le gustó tanto la idea, que la utilizó en su serie, citando a mi amigo como la fuente original.
Emocionado, quise contarle todo esto a Emilio: ¡A Larry David le gustaba su serie! Pero descubrí que mi amigo no conocía al cómico neoyorquino. No lo podía creer: Emilio había creado una serie igual a la de Larry David, sin haberla visto. Después de todo había sido original.
Intenté explicarle quién era Larry David, y creí que sería fácil, porque "Seinfeld" era la serie favorita de Emilio. Pero, por alguna razón, mi amigo era incapaz de prestarme atención, y creo que nunca llegó a entender de qué le estaba hablando.
martes, 25 de agosto de 2009
25 Agosto 2009
Entonces los otros presos, decenas de ellos, se abalanzaron contra el cercado, intentado cogernos. Aterrado, comencé a trepar, dejando atrás a mi compañero. Traspasé la reja y llegué a la calle. No vi a ningún guardia.
Justo delante de la prisión estaba la sede de una cadena de televisión. Yo sabía que en su interior, en ese mismo momento, estaban grabando un concurso en falso directo. Pensé en esto mientras llamaba a un taxi, de color azul, para escapar de allí.
Sé que ocurrieron más cosas, pero no puedo recordarlas.
lunes, 24 de agosto de 2009
24 Agosto 2009
Era una casa de habitaciones amplias y techos altos, sostenidos por columnas blancas. El suelo, de baldosas grandes de color naranja, estaba húmedo y sucio de arena. Los muebles de la cocina eran de metal, pintados de blanco, un poco oxidados. Había una nevera, grande, redondeada, y antigua.
Habíamos estado fuera unos días, y regresamos preocupados por las mascotas. Estaban desperdigados por el suelo, arrastrándose. Habían estado comiendo lo que podían. Los pulpos estaban en el suelo, como sin cabeza, los tentáculos retorciéndose en un charco espumoso de agua y babas. Los caracoles, sin concha, también se arrastraban, secos y casi sin vida.
Decidí darle comida primero a una de las tortugas, que me sorprendió porque ya no tenía caparazón. Estaban tan ansiosa que se lanzó a morder mi dedo, presionándolo con fuerza. Yo tiraba de ella para evitar que hundiera su pico en mi carne, y temía que me arrancara un trozo.
Apenas conseguí librarme de la tortuga cuando un pulpo, que se escondía sobre el marco de una puerta, cayó sobre mi cuello, rodeándolo con sus tentáculos y haciendo fuerza, estrangulándome. Conseguí liberarme a duras penas.
Mi cuello estaba húmedo por el sudor.