Me subí al taxi como todos los
días. Eran las 5:30 de la mañana y yo iba traspuesto. El taxista me saludó sin
mirarme, y subió el volumen a la radio. Era una canción que yo no había oído en
la vida. Me recosté en el asiento y
descansé los ojos unos segundos. Me resultaba imposible seguir la melodía de
aquella extraña música, que me estaba crispando los nervios. Esperé a que la
radio cambiara, pero la siguiente canción
tampoco me resultó familiar, todo lo contrario, parecía incluso más ajena. Uno
tras otro, los temas musicales se fueron sucediendo, y al no reconocer las
letras, los cantantes, ni siquiera los géneros, comencé a agobiarme. Miré la radio
del taxi, que en letras verdes electrónicas ponía M80RADIO. Era una emisora “normal”,
que solía poner canciones comerciales y populares ¿de dónde salían esas
melodías tan raras? Nervioso, me atreví a preguntarle al conductor: ¿Qué música es esta? Le dije. El taxista se giró hacia mí por primera vez. Su
rostro estaba desfigurado. Me miró, y gritó de terror.