martes, 25 de noviembre de 2014

26 Noviembre 2014

Estábamos a punto de entrar en la iglesia cuando el cielo se oscureció. Una nube muy negra llamó mi atención. Era pesada y se movía en el cielo gris de forma irregular, como si tuviese vida propia. Cuando se fue acercando descubrí que la nube estaba formada por murciélagos. Eran gordos, peludos y de alas muy negras. Sentí miedo. Instintivamente decidimos alejarnos del lugar y fuimos caminando por una larga calle con palmeras. Por encima de las casas pude ver que la nube no estaba formada solo por murciélagos. Había también pterodáctilos. Y bajo la nube, caminando pesadamente sobre la tierra, vi con horror a varios dinosaurios. Volví a mirar la nube y descubrí en cabeza a dos dragones enormes que estiraban su cuello escamoso rugiendo. Eran criaturas olvidadas que reaparecían para asistir al fin del mundo.

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